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Perfil

Nací en La Aldea de San Nicolás el 29 de febrero de 1956, en el seno de una familia trabajadora. Mi padre era agricultor y mi madre ama de casa.

Soy el tercero de cuatro hermanos. Pepín, Tomás y Gonzalo fueron mis compañeros de estudios, juegos y aficiones. Todavía sigo compartiendo con ellos inquietudes y reflexiones. En ocasiones son mis más severos, pero también, mis mejores críticos.

Mi padre nos inculcó, además del valor del esfuerzo, el estudio y el espíritu de superación, su afición al boxeo, disciplina que desarrollé durante quince años. También constituimos mis hermanos y yo el primer club de ajedrez del municipio, que sigue desarrollando su actividad hoy en día.

Vivíamos por entonces en una Canarias en la que había enormes deficiencias educativas, sanitarias, y en el conjunto de las infraestructuras. Yo mismo sufrí las consecuencias de estas carencias. Durante los primeros meses del COU me desplazaba cada día a Las Palmas de Gran Canaria: eran cuatro horas de ida y cuatro de vuelta en guagua desde La Aldea de San Nicolás. Finalmente tuve que trasladarme a vivir a Telde para poder concluir el curso.

En 1974 ingresé en la Universidad de La Laguna para estudiar la carrera de Medicina. Allí viví intensamente los últimos coletazos del franquismo y el difícil paso de la dictadura a la democracia. Me impliqué en movimientos sociales y políticos. Creía y creo en la capacidad transformadora de la actuación política y en el poder de la participación ciudadana, que debe ir mucho más allá de la emisión de un voto. Son estas ideas las que he llevado a la práctica cuando me ha correspondido desempeñar distintas responsabilidades institucionales, algunas de una enorme relevancia.

En 1981 fui testigo de uno de los episodios más complicados que ha vivido nuestro país en su historia reciente. El 23-F me encontraba en Madrid haciendo el servicio militar. Viví de cerca aquellas angustiosas horas en las que nuestra joven democracia se vio sometida a su prueba más dura y de la que, gracias al coraje y habilidad de muchas personas, salió fortalecida.

En 1982 volví a Gran Canaria, con el firme propósito de trabajar por la mejora de las condiciones de vida de los canarios y de defender los intereses de nuestro Archipiélago, tantas veces olvidado.

Aquí conocí a Miriam, que ha sido mi compañera en la vida desde que decidimos casarnos, en 1987. En 1992 nació nuestro primer hijo, Héctor, al que siguió su hermana Elena al siguiente año. Nuestra familia se vio completada en el año 2000 con el nacimiento de Marina.

Mis hijos no son solo mi orgullo y mi mayor alegría. Son también parte de la razón por la que me dedico a la actividad política. Porque sueño con dejarles una Canarias mejor.